M4.L2 El Cambio y la Pereza Mental

Podemos definir pereza como resistencia a la acción. Un estado en el que preferimos permanecer negados a actuar aunque sepamos que hacerlo es importante o necesario.

La pereza está asociada a la falta de disposición a la hora de realizar determinadas tareas o actividades, a la ausencia de motivación.

Por lo general, la pereza es acompañada por la procrastinación, es decir, a posponer indefinidamente alguna actividad, dejar las cosas para después, lo cual termina afectando el desempeño y la vida en general.

Podemos hablar de cuatro tipos de pereza:

  1. Pereza física. Resistencia a realizar actividades que involucran el cuerpo, el movimiento. Lo más usual es que aparezca por fatiga o desinterés.
  2. Pereza existencial. Es la que más está relacionada con los estados depresivos. Se manifiesta como falta de interés y o entusiasmo por la vida. No aparece la energía suficiente para tomar iniciativas, proyectarse o fijarse metas. Muchas personas creen estar deprimidas cuando en realidad lo que han perdido es la motivación por seguir adelante en el mismo ritmo o estilo de vida, esto les lleva a la pereza existencial.
  3. Pereza espiritual. Es un profundo desinterés por los aspectos trascendentales de la vida. Es el tipo de Petronas que “todo les da igual”. Una persona con pereza espiritual consciente o inconscientemente se aparta de todo lo que represente innovación y se apega a la rutina, vive de una manera mecánica sin tratar de ir más allá. No cree que la existencia sea algo más que ese conjunto de obligaciones diarias, las cuales realiza sin mayor entusiasmo y sin un verdadero objetivo.
  4. Pereza mental. Está relacionada con el uso de nuestras facultades cognitivas. Este tipo de pereza hace que las personas resten mérito o valor a las actividades intelectuales y por ello se resistan.

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